Las dos Caras de la Serie Club de Cuervos

Aunque algo tarde, con Club de Cuervos el gigante Netflix se dio cuenta que México puede ser un mercado rentable en el ámbito del streaming, y si bien su idea es producir historias que rebasen el ámbito local, con la serie futbolística abrió la puerta para que jóvenes creadores del país se sumen a su plataforma.

Inicialmente, los ejecutivos de Netflix se acercaron al director Gary Alazraki para que hiciera una secuela de la taquillera película “Nosotros los Nobles” en formato de serie, no obstante, él se negó al considerar que la historia estaba agotada.

Cuatro meses después, un amigo se acercó a él con la idea de relatar la historia de un junior que hereda un equipo de futbol, el cual termina haciéndolo trizas, además de fracturar sus propias relaciones familiares. Al investigar más sobre el caso, el director encontró una historia interesante que contar y Netflix finalmente dio su visto bueno para llevarla a cabo.

Club de Cuervos es protagonizada por Luis Gerardo Méndez, Daniel Giménez Cacho y Mariana Treviño. Teniendo como pretexto el mundo del futbol, lo interesante de la historia no es lo que sucede dentro de la cancha, sino lo que pasa afuera, donde la envidia, la traición y la ambición carcome a los personajes de la serie.

Asimismo, el fracaso y su intento fallido por salir de él es el motor de la serie, lo que la aleja de las historias de superación y éxito deportivas que nos tiene acostumbrados Hollywood.

Expuesta la trama, Club de Cuervos entrelaza las crudas pasiones de sus protagonistas con la corruptela que persiste en el ámbito del futbol mexicano. Si bien a la serie se le ha criticado que banaliza la denuncia del tema oscuro que aborda, lo cierto es que la historia no pretende documentar la cruda realidad del balompié nacional, ni mucho menos remediar la cloaca en la que se ha convertido la liga mexicana de futbol.

Tomada esa distancia, Club de Cuervos resulta entretenida, a pesar de que no cuenta con grandes presupuestos, sus actuaciones son exageradas y hasta irracionales, además de que conforme van avanzando las temporadas, las ideas y la originalidad van decayendo.
Club de Cuervos quizás no llegue a su cuarta entrega, pero es innegable que la serie ha despertado el interés de la audiencia en un mercado muy competido, gracias a que su producción es divertida, valor al que apuesta Netflix, más allá de las voces inconformes que exigen mayor rigor de denuncia y seriedad en la historia.

Y es que finalmente Club de Cuervos no es más que una serie palomera al estilo de la cinta “Nosotros los Nobles” que pone énfasis en la taquilla, antes que en la presuntuosa intensión de desenmascarar las negras entrañas del futbol mexicano, que dicho sea de paso, no le quita el sueño ni a dueños ni a directivos que saben que la realidad supera a la ficción.

Club de Cuervos está plagada de errores en cuanto a su producción, actuación y argumentación, pero no hay que olvidar que dicha serie es el experimento de Netflix que le dio el beneficio de la duda a una serie de origen mexicano, con miras a arriesgarse a crear más en un futuro, de mucho mayor calidad e impacto.

Y aunque la familia Alazraki tiene una visión clasista y su forma de contar historias es banal, parcializada y hasta pedante, Club de Cuervos ofrece la oportunidad de aportar esparcimiento, sin la posibilidad eso sí, de ganar ningún premio internacional dentro de la industria del entretenimiento.

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