El Día que Emilio Azcárraga Rechazó ser Socio de Netflix

Actualmente, el sistema de video Netflix cuenta con 100 millones de suscriptores y factura al año casi 9 mil millones de dólares. Pero esta historia de éxito no fue fácil. Fundada en 1997, la compañía tardó dos años en ofrecer películas bajo demanda a través del envío por correo electrónico.

Tras esa novedosa estructura, el despegue de Netflix se dio en 2007 cuando dejó en enviar DVDs y montó una plataforma en internet para que sus suscriptores por una cuota mensual, pudieran ver su contenido vía streaming.

Apoderándose del mercado estadounidense, la compañía buscó extenderse a escala global, y para el caso de América Latina, buscó a la empresa más grande de contenidos en la región, que para esa época era Televisa.

Luego de varias antesalas y rechazos de llamadas, Emilio Azcárraga Jean y su grupo de ejecutivos se dignaron a recibir al personal de Netflix, y tras considerar que su oferta de alianza era poco atractiva, olímpicamente los rechazaron porque según ellos, Televisa era mucho más importante que esa empresa incipiente.

Interesados en consolidar un acuerdo, la cúpula de Netflix insistió, y hasta le ofreció a Emilio Azcárraga un porcentaje de acciones para la región hispanoparlante, oferta que el mandamás de Televisa volvió a declinar por no visualizarla atractiva.

Para el año 2011, Netflix ya contaba con 26 millones de suscriptores a escala global, de los cuales, casi dos millones de ellos era de origen hispano, panorama que ahora sí preocupó a Azcárraga y a sus muchachos, por lo que humildemente ahora sí se acercaron para platicar con el gigante del streaming global.

Tras varias reuniones, Televisa y Netflix finalmente firmaron un acuerdo comercial, donde la televisora de San Ángel se comprometió a brindarle a la plataforma 3 mil horas de telenovelas y programas de entretenimiento en general, de forma no exclusiva, y con difusión en México, Latinoamérica y el Caribe.

Como era de esperarse, dicho acuerdo no fue ni de cerca tan beneficioso como el que pudo obtener Azcárraga cuando fue visitado por primera vez por el personal de Netflix, pues de haber podido ser socio, ahora quedó sólo como un licenciatario con montos y plazos preestablecidos.

Al vencerse el contrato en julio de 2016, Televisa no decidió refrendarlo, y con la loca idea de que ellos podrían hacerlo mejor que Netflix, tres meses antes lanzó su plataforma Blim, para lo cual ya no le permitiría a su ahora competidor trasmitir sus contenidos.

Luego de esa separación, Netflix logró concretar una alianza con Telemundo, lo que provocó Televisa ampliara su participación accionaria con Univisión, con el fin de no ser aplastados por esos dos consorcios en los Estados Unidos y América Latina.

A un año de esos ajustes, la plataforma Blim no ha logrado despegar como lo tenía planeado Televisa, mientras que Telemundo ya compite directamente con Univisión por la audiencia, situación que nunca había pasado en las décadas anteriores.

Evidenciando que no es ningún genio en los negocios, Emilio Azcárraga dejó pasar la oportunidad de su vida al no asociarse con Netflix, donde ahora tiene el terreno perdido en ámbito del streaming con Blim, y también lucha porque Televisa salga a flote ante la fuerte competencia que tiene con otras televisoras que ya han comenzado a desplazarle.